lunes, 5 de abril de 2010

Hay que curar a los católicos

En una columna más propia de un nazi el masón Gustavo Vidal Manzanares insta a curar a los católicos del catolicismo.

Se basa para crearla en que en la COPE se soltó que "había que curar a los homosexuales". Pues el que la dijo demuestra una homofobia increíble que debe ser rechazada, pero no curada. Pensar en curar a las personas por la religión que profesan es algo propio de un intolerante que sería admirado en la Rusia de Stalin y en la Alemania del III Reich.

Copio aquí la columna (aunque para ello tenga que empozoñar mi blog de basura):

Estos días he recordado el latiguillo de una oronda periodista vinculada a medios ultraconservadores: “…curar a los homosexuales”. Sin embargo, al contemplar el circo de latigazos, saetas, pies descalzos e individuos con capuchas y velones me he preguntado si, más bien, no habría que plantearse curar a los católicos.
Así, pienso que, en realidad, deben curarse quienes creen que Dios tiene un hijo y este hijo ha nombrado representante suyo en la tierra a un octogenario, presunto encubridor de pederastas y afiliado, en sus lejanos años mozos, a las juventudes hitlerianas.

Pienso que habría que curar a quienes creen que el fundador del cristianismo no vino al mundo como todos, sino mediante un nacimiento virginal, habiendo sido antes inoculado por un ente espiritual en un útero (virgen también, por supuesto).
Creencia, por lo demás, poco original ya que el concepto de alumbrar virginalmente se toma de Egipto, en concreto de la diosa Mut.

Pienso que habría que curar a quienes aseguran que su fundador resucitó literalmente, ignorando que esta es una creencia copiada de Egipto, en concreto de Osiris. Ciertamente, como enseña el estudioso de las religiones, Sebastián Vázquez Jiménez, el cristianismo bebe de la religión egipcia, pues no hay que olvidar que ambos credos convivieron durante quinientos años.

Pienso que habría que curar a los costaleros, piadosos individuos que se chafan la quinta vértebra lumbar cargando imágenes ciclópeas pues eso “puntúa para la otra vida”…Vista con frialdad, la “semana santa” convierte muchos lugares en un gigantesco manicomio. Al menos, según mi entender.

Pienso que habría que curar a quienes creen que un oblea y un copa de vino se transustancian en la carne y sangre de un judío fallecido hace dos mil años.

Pienso que habría que curar a quienes creen que alguna divinidad se aparece sobre una peña, un árbol, un río… y construyen ermitas y catedrales a su alrededor.

Pienso que habría que curar a quienes peregrinan hacia esas ermitas y catedrales en espera de que la divinidad aparecida les prodigue bendiciones.

Pienso que habría que curar a quienes consideran infalibles a individuos que condenaron, mediante encíclicas, la democracia, el socialismo y las libertades.

Pienso que habría que condenar a quienes conciben a Dios como un todopoderoso contable de pecados que se perdonan después de ser confesados a un señor que bosteza tras un confesionario.

Pienso que habría que curar a quienes hablan de un Dios de amor, pero que va a condenar a la mayoría de la humanidad a suplicios eternos.

Pienso que, tras estas reflexiones… quizá me encuentre equivocado, que a nadie habría que “curar” por lo que piense, crea o sienta, por muy disparatado que nos suene. Y por eso, precisamente por eso, pienso que quienes hablan de “curar” a terceros, deberían ser los primeros en callar y mirarse hacia dentro.