sábado, 2 de enero de 2010

La enseñanza en España, la debacle de mi instituto.

Bueno, ya he pasado mi primera década completa, después de la melancolía de los recuerdos que pasa en estos días tan especiales, voy a hablar de un tema que debería preocupar a nuestros políticos: la educación.

Dejarla en sus manos es un auténtico desastre: los temarios de los libros están llenos de manipulaciones favorables al poder que mejor represente al político de turno (total, como lo que dicen los libros de texto, para nosotros es palabra de Dios), las discusiones son por memeces como retirar los crucifijos o no (como si ofendiesen a alguien), faltas de ortografía en los exámenes (verídico), baños que no funcionan, gimnasios que se inundan cuando caen cuatro gotas, cristales rotos que nunca se reponen, adelantos de hasta siete minutos para finalizar las clases y retrasos del mismo tenor...

Aunque no solo lo hacen mal ellos. Nosotros, los alumnos también ponemos nuestra parte. Una mayoría de alumnos de mi clase viola constantemente el derecho de los demás a atender a clase, las normas, por un oído entran y por otro salen (al no ser que el director esté a la vista, claro), destrozos generalizados en el material (aquí entra el arte del a ver que pasa acercando la llama del mechero a la mesa del profesor mientras explica), comer dentro de clase (aunque sería representativo de a lo que vienen algunos), hacer lo que no se debe (el arte de los caballitos con las motos en el patio, que poco más y el de Gallego no lo cuenta)...

La solución: Privatizar las escuelas, para que las pérdidas se encarguen los propietarios del colegio y no el Estado (todo el mundo es generoso si el dinero no es suyo), que tendrán que buscar la mejor forma de que los críos se eduquen bien, que para eso los llevan los padres. Y las discusiones chorras como lo del crucifijo se iban a acabar.